La lotería de don Apa

La escena es bastante común en las películas gringas: un salón atestado de mesas donde muchos viejitos - siempre es así: hasta ahora no he visto una donde los jugadores sean jóvenes- esperan que la monótona voz anuncie el siguiente número, con la esperanza de completar el cartón para gritar «¡bingo!», lo que significaría abandonar -al menos por unos instantes- la condición de perdedores que se les impuso como añadido de sus años acumulados. Por acá las cosas son distintas: el escenario es una colorida feria de pueblo, donde una variopinta (de edad, de sexo, de condición social) asistencia sigue los ingeniosos dichos, refranes o acertijos que anuncian cada nueva carta, con la ilusión de colocar el último frijol sobre el tablero, al tiempo que grita «¡lotería!»

Pero, más allá de la hasta cierto punto inevitable tendencia a esquematizar que caracteriza al cine, lo más interesante es que el antiguo y extendido juego popular genéricamente llamado «lotería de cartones», muestre tan camaleónica adaptabilidad cultural: parece mentira que se trate del mismo juego que, por un lado, avanza empujado por una frialdad casi mecánica de números, y por el otro, se alimenta de la calidez de unas coloridas y juguetonas estampas anunciadas por medio de versos, adivinanzas o refranes. No tengo noticia de algún pintor, poeta, dramaturgo, músico o lo que sea, que se haya visto tentado a utilizar el bingo para abordarlo, reinventarlo o reinterpretarlo como proyecto artístico. Y -otra vez el contraste- la lotería sí. Y muchas veces.

Conozco varios proyectos artísticos que han explorado o utilizado la lotería como referencia o fuente de inspiración. La mayoría, si no es que todos, hechos a partir de la reinterpretación o reelaboración de las 54 figuras (hasta ahora no tengo noticia de alguno de índole literario, aunque ahí hay un filón que ofrece interesantes posibilidades: la composición de nuevos versos para cantar las cartas, por ejemplo). Pero, regresando a las reinterpretaciones o reinvenciones de las estampas, casi todos los proyectos que conozco son colectivos, pues resolver 54 imágenes resulta un desafío difícil de vencer para una sola persona. No obstante la magnitud del reto, hace algunos años Mariano Aparicio se autoimpuso la tarea de producir su versión-visión de las cartas de la lotería.

El proyecto que Mariano se echó encima consistió en producir 54 fotografías de desnudo en blanco y negro, apegándose a la secuencia y los temas de la lotería tradicional mexicana. Así que se trata de una actualización, una propuesta de renovación de las imágenes tradicionales del popular juego, a partir de un planteamiento plástico contemporáneo. El resultado es espléndido, pues el universo conseguido en la lotería de don Apa -como me gusta llamarla- es amplio y diverso. Cada una de las 54 fotografías ofrecía sus particulares desafíos que fueron abordados con decisión y fortuna, por lo que el resultado es de un alto nivel de calidad, tanto conceptual como estética, al grado de que no me cuesta ningún trabajo calificar el conjunto como un logro artístico.

Más allá de que cada quien escoja de entre las 54 imágenes sus favoritas, debo insistir en el conjunto - en lo que nos ofrece la suma de las más de cincuenta estampas- pues ahí reside la posibilidad de establecer lo que representa como producto artístico. Y es que me parece un acierto que don Apa, por ejemplo, decidiera abandonar el territorio seguro que le ofrecían las figuras muy bien definidas sobre fondos claros de las estampas tradicionales, por las dificultades de perseguir las sutilezas que produce la luz cuando dibuja las zonas de encuentro entre sombra y luminosidad. O la irónica sofisticación narrativa de sus estampas, que ofrece un marcado contraste con la sencillez descriptiva de la lotería tradicional, sin perder en el intento su carácter lúdico, juguetón.

Con eso me quedo.

Avelino Sordo Vilchis