Juan Garaizaba /España



El taller es un sitio en el que cada minuto me cuesta la propia vida. Mis tres talleres (Miami, Madrid, Berlín) son sitios duros, sitios de esfuerzo y de lucha", señala el artista, quien explica su proceso creativo del siguiente modo: La cuestión de compaginar los esfuerzos en piezas monumentales con múltiples trabajos de escala inferior tiene mucho que ver con lo que quiero hacer en escultura. Cualquier escultura, pero más una pública, tiene que ofrecer diferentes regalos, por decirlo de algún modo, desde cada uno de sus ángulos. Para mí nunca será un trabajo de simulación de ordenador. Es una labor en la que tengo que estar; necesito llevar adelante cada fase del proceso de la producción para crear algo en lo que de verdad crea y en lo que se conjuguen diferentes materiales y lecturas. Tengo que mirar mucho la pieza, doblarla, golpearla y sentirla durante un tiempo en el taller. Las obras de escala pequeña juegan un papel fundamental y la soledad en su ejecución también.

Juan Garaizabal



Juan Garaizabal, nace en Madrid en 1971. Como él mismo dice en "un entorno

bastante cultural, pero no precisamente de artes plásticas". No recibe

influencias artísticas directas de su familia, pero su infancia está marcada

por su gusto y facilidad para el dibujo, aptitud que será clave para definir

su vocación.

Su educación fue francesa en los primeros años y después norteamericana.

Con 12 años ingresa en la Academia de Dibujo IB 67 en Madrid, lugar que se

busca él mismo, dato que habla de su carácter independiente y de su

seguridad en los pasos a seguir. Le interesa aprenderlo todo de las técnicas

de dibujo y permanece varios años en el centro, hasta cumplir los 17. Su

meta parecía clara: prepararse para ingresar en Bellas Artes, pero una

oportunidad inesperada se cruza en su trayecto. Le seleccionan para

emprender una carrera de empresariales europeas y se traslada a París.

Cuando vuelve la vista atrás y valora con perspectiva ese giro hacia un

ámbito ajeno al arte, Garaizabal llega a la conclusión de que, a la larga,

ha sido un aprendizaje, un complemento en gestión internacional, muy valioso

para su posterior carrera artística, encaminada a proyectarse fuera de

España.

En el año 2000 acaece un episodio crucial que le hace dar

un vuelco definitivo hacia la escultura y dentro de ésta hacia la escultura

monumental. Sucede cuando acude a la inauguración de Chillida Leku, en las 

cercanías de Hernani (Guipúzcoa). Se trata de una

experiencia transformadora que cambia por completo su visión del espectáculo

artístico. A partir del recorrido por el entorno abierto de Chillida el joven

Garaizabal empieza a intervenir con esculturas en paisajes.

A partir del recorrido por el entorno abierto de Chillida el joven

Garaizabal empieza a intervenir con esculturas en paisajes. Pronto, en 2005,

le surge la oportunidad de participar en las "Noches en Blanco en Madrid"

-intervenciones al aire libre, muestras en distintos espacios-, experiencia

que le permite exponer su trabajo ante un millón de personas en la calle,

algo que, con el tiempo, se convertirá en habitual para él. En 2006 es

contratado por el Ayuntamiento de Bucarest para participar en otra cita

similar, el "Noaptea Alba" de la capital rumana.

Primero busca introducir

elementos que dialoguen con el entorno urbano o con la naturaleza, "por

contraste o por analogía, pero de forma arbitraria y caprichosa" y baraja

distintas propuestas. Pero una noche, volviendo de una cena con las gestoras

culturales del ayuntamiento, al pasar por delante de la casa del pueblo,

"casa poporuloi", que había construido Ceausescu (en medio de Bucarest, con

una explanada verde enorme alrededor) se fijó en que sus acompañantes

giraban la cara para no verla. Al volver al hotel se puso a pensar en aquel

gesto que tanto le chocó y ante el que, pese a preguntar, no había recibido

explicaciones, y fue consciente de las muchas historias encerradas en el

lugar. "Al día siguiente, investigando en los archivos de la ciudad, me

enteré por planos, fotos y dibujos que en el sitio donde estaba aquel

edificio y la explanada habían existido varios barrios, llamados en su día

el "pequeño París". Ceausescu había aprovechado un mínimo temblor de tierra

para hacer tabla rasa y construir su sueño, a costa de borrar un pasado

importantísimo", relata un episodio crucial en su carrera, porque entonces

vio claro el proyecto: devolver, con un lenguaje de dibujo en el aire,

utilizando metal y luz, la esencia de determinados edificios perdidos en su

lugar original.

La experiencia rumana marca un antes y un después para el escultor. En

Berlín le ofrecen ocupar un taller en el Bildhauer Werkstatt. Conoce la

cultura alemana, habla el idioma, se siente próximo a la ciudad.

En la capital alemana, en 2012, levanta otra de sus memorias urbanas, la 

reconstrucción de la Iglesia Bohemia de Belén, que fue bombardeada por 

los aliados en 1943.

Dentro de la senda conceptual, sus señas de identidad ya son inconfundibles.

Si hubiera que elegir un año clave en el trayecto de Juan Garaizabal es

2013. Entra en contacto con la crítica e historiadora norteamericana Barbara

Rose, que resulta fundamental a la hora de darlo a conocer en el circuito

internacional. La complicidad entre ambos conduce hacia un nuevo e

inspirador proyecto para la 55 Bienal de Venecia. Con Rose como comisaria

realiza la instalación "Memoria del Giardino", que recupera el cementerio

judío que había existido antes en el Jardín Botánico de la ciudad, vinculado

a las vidas de figuras como Amadeo Modigliani, Ezra Pound o Mariano Fortuny.

Junto a las monumentales propuestas públicas, que se suceden en otras

ciudades del mundo, el escultor trabaja en piezas más pequeñas, esbozos,

preliminares, experimentos, sueños a pequeña escala que pueden llegar a

alcanzar mayores proporciones. Es esa producción, que nutre sus exposiciones

en ferias, museos y galerías que le representan en Madrid, Bruselas, Nueva

York, la que lleva a cabo en el estudio de Madrid. Ahí es donde nacen 

muchas de las ideas que posteriormente desarrolla en el estudio

de Berlín o en Miami, el tercer taller, donde en la actualidad cada vez pasa

más tiempo y que define como un espacio abierto al debate, al diálogo con

gestores, comisarios, dinamizadores culturales. En definitiva, un epicentro

de ideas, relatos, emociones.

En Miami ha surgido una de sus realizaciones más llamativas por su

simbolismo y significado político: "El balcón de La Habana", una silueta de

acero inoxidable levantada el mismo día que murió Fidel Castro. Está ubicado

en un parque que mira a la capital cubana como queriendo establecer un

puente de comunicación perdida, y, como comenta su artífice, partió de una

imagen: la de los habaneros disfrutando de hacer vida en las azoteas, en los

balcones, desde los que se hablan y se pasan condimentos para hacer la

comida.

Entre sus más recientes trabajos se incluyen también obras realizadas en la 

ciudad de Washington, donde el artista ha vuelto a experimentar lo mucho 

que disfruta de la labor en equipo.

En lo que respecta a sus influencias, señala que han ido cambiando muchísimo

con el tiempo: "En una primera etapa todo me perturbaba. Intentaba crear un

lenguaje propio y no quería que nada me arrastrara. Buscaba influencias

sobre todo fuera del arte contemporáneo, en museos de la técnica, en

exposiciones de arqueología, en cualquier otra cosa. Una vez más afianzado

con mi lenguaje, me fui moviendo desde la época clásica al Renacimiento y a

la Modernidad", explica. Nombra a artistas innovadores como Brancusi,

Calder, Julio González, Pollock, Serra, Christo... Y también a Robert

Rauschenberg, a Joseph Beuys y a otros creadores más cercanos como Eduardo

Arroyo -como él representado en Madrid por la galería Álvaro Alcázar-, con

el que mantuvo un diálogo permanente.

¿Hacia dónde se dirige el artista? En el plano inmediato, dice que la

dirección apunta a la creación de verdaderos talleres totales de escultura,

donde se hagan absolutamente todos los procesos y que le lleven a implicarse

a fondo, más allá del concepto, en la ejecución de las piezas. "He ido

llegando hasta ahí a través de varias apuestas, que en su momento resultaron

arriesgadas; desde la mezcla de líneas y luz a los entrelazados de madera,

hormigón, ladrillo, cristal y cerámica que han ido reforzándome en el papel

de hacedor", declara.

Sus proyectos se han multiplicado en los últimos meses. Esculturas públicas

en el Hay Festival recreando una escultura suspendida en el aire, en Costa

Rica, en Seul y la isla de Godaedo, en el centro histórico de Toledo, en

Ciudad de Mexico, en Paris...y lo más reciente la escultura monumental "Ever

Time Gate", en medio de Shanghai, que además ha sido votada por el público y

la crítica como una de las tres ganadoras entre las 55 esculturas públicas

de la ciudad, todas ellas de artistas de primera fila internacionales y

chinos. Para Garaizabal formar parte de la escena artística china está

siendo una auténtica revolución. Por un lado se trata de la "la otra mitad

del mundo" y para ser realmente global es una obligación absoluta. Por otro,

habla chino y lo utiliza para generar el máximo debate artístico y

profundizar todo lo posible en la ésta cultura que está teniendo una

influencia creciente en su obra.