Felix Hernández / España



Textos Curatoriales

La virtualidad de la Abstracción es la de transmitir conceptos complejos -emociones, ideas, narraciones - en formas, colores, texturas y experiencias visuales sensoriales abiertas. Un siglo largo de dominio de esta sin embargo no ha ofrecido apenas cauces para ser experimentada por la experiencia religiosa. El desencuentro entre arte contemporáneo y fe se ha convertido en un tema desarrollado tanto por académicos como por críticos que quizás han perdido de base la verdadera razón de esa separación: cada vez se explora menos la dimensión religiosa de la humanidad.

Ante ello Fray Félix Hernández, OP, lanza una oferta pictórica que se arma de valentía para transitar ese sendero de experimentación y de búsqueda de lenguajes contemporáneos para dar voz a una de las más primitivas y auténticas dimensiones de la condición humana, la dimensión trascendente, espiritual y religiosa. Y además en una determinada comprensión y vehiculación de ésta, la católica, y aún más, en una determinada tradición carismática, la dominicana -siendo obviamente fray Félix sacerdote dominico-, tradición marcada por una profunda libertad, por un alto intelectualismo, por una veta mística profunda y por una irrenunciable vocación de transmisión de la fe.

Rasgos que pueden localizarse en la obra del autor. Libertad en la experimentación con una búsqueda exigente de texturas, complementariedades no exentas de dominios emocionales del color, de sugerencias de imágenes -en las que no se priva a veces de mínimos apuntes expresivos cercanos a lo figurativo-, con composiciones que remiten a la expresividad religiosa que busca el autor, y con velos y capas sutiles de ingravidez, altamente emocionales, que van conquistando los lienzos y que remiten a una de las mayores influencias del autor -el también dominico Kim En Joong, pintor francés de origen coreano-. Y esa libertad expresiva sin dejar de lado una formación exigente y académica en su creación que enlaza con lo mejor de las Bellas Artes y el estudio teológico. Y he ahí el segundo rasgo. El intelectualismo -que no academicismo pedante- entendido como sustrato y bagaje de su pintura que remite a conceptos teológicos, escenas bíblicas, plasmaciones históricas, creencias de fe, que nutren la obra de fray Félix -doctor en teología- de un modo sutil y elegante, a veces tan solo sugerido en un título, otras apenas intuido, pero que suponen la verdadera motivación del pintor. Sutilidades que apuntan a una cierta impulsividad y frescura improvisada perfectamente encajada con la reflexión. Lo cual nos lleva a ese tercer rasgo que es una profunda veta mística, entendiendo la pintura como una puerta, una ventana, que no solo ofrece una experiencia privativa del pintor para ser contemplada alejada de quien la mira, sino que quiere hacer partícipe al espectador invitando a buscar esa misma experiencia, casi que al modo de diálogo con sus cuadros, con la carga de profundidad espiritual que ofrecen, casi como preguntas directas al corazón, como ofrendas de experiencias que quieren empatizar y tocar determinados filamentos internos del ser humano. Y es que ahí está también ese cuarto rasgo que unifica los demás, fray Félix busca con su obra expresar las honduras de su propia experiencia entendida ésta no desde el prurito del elitismo místico, sino desde la consideración de que un corazón humano tiene una potencialidad vital que puede estar en todo corazón humano: la convicción experimentada y expresada pictóricamente que la auténtica identidad humana es precisamente esa dimensión espiritual, una espiritualidad encarnada en lo corpóreo y que su pintura recoge sin huir de sensualidades y carnalidades físicas sin las que lo humano -ni la pintura- es incomprensible.

La pintura de Fray Félix Hernández, OP, quiere ser pues una construcción compleja que una emoción, libertad, reflexión y experiencia, al servicio de la expresividad religiosa, en lenguajes y dimensiones vitales del más real hoy contemporáneo y actual, como una invitación a descubrir la propia identidad humana como identidad espiritual, con una oferta de sentido y de belleza, que no huye de temas difíciles y complejos, dramáticos y de dolor, y que enlaza con la actualidad que el mundo más necesita. 

Vicente Niño Orti,

Escritor y columnista



Tal y como dijo el pintor ruso de origen judío, Marc Chagall, "el arte es sobre todo un estado del alma", y así son las pinturas de Félix Hernández: estados del alma cambiantes que ante los espectadores cobran nuevas formas de comunicación con el mundo transcendental.

La obra de Félix Hernández es un reflejo de su vida dedicada a Dios y al carisma dominicano, ya que en el año 2000 ingresó en la Orden de Predicadores en España y continuó su carrera formativa tanto en el mundo de las Bellas Artes como en teología, obteniendo su Doctorado en la misma en 2016 por la Facultad de San Esteban en Salamanca. Pero es cuando está frente a un lienzo en blanco y con los colores en la mano cuando el verdadero lenguaje y conocimiento de Félix sale a la luz.

El arte de Félix actualiza y acerca el mensaje de Dios a pleno siglo XXI, olvidando las grandes obras medievales donde el retablo era el principal elemento artístico. Sus obras nos hablan de él, de sus estados anímicos, pero también nos hablan de Dios y de Santo Domingo. Estamos frente a un Arte Humano con mayúsculas donde se conjugan muchas sensibilidades y se crea un espacio de interacción entre la contemporaneidad y la experiencia de la Fe.

En este espacio de diálogo cobra un papel protagonista la paleta cromática. El color será la principal herramienta de comunicación en sus obras, de modo que la unidad más básica en el mundo de la pintura es la que nos permite abrir todo un mundo a la contemplación y reflexión. Pinturas cambiantes que hablan de Dios y con Dios con un lenguaje vivo, a través de superficies cromáticas en relieve con juegos de luces y sombras donde el sentido último de la obra lo confiere el espectador.

Cristina Expósito de Vicente

Doctora en Ciencias de las Religiones



Biografía

Félix Hernández O.P. (1971)

Félix es un fraile dominico español (Sevilla) que actualmente reside en Córdoba (España). Apasionado desde la infancia por el dibujo y la pintura, en sus obras investiga la profunda relación que existe entre el arte, el espíritu humano y el Misterio.

Ha realizado estudios de Bellas Artes en las Facultades de Sevilla y de la Universidad Politécnica de Valencia y en 2016 obtuvo el Doctorado en Teología por la Pontifica Facultad "San Esteban" de Salamanca con la tesis titulada: Teología pintada. Tres artistas dominicos contemporáneos en Europa Occidental.

Durante muchos años, su trabajo estuvo centrado en el diseño y la ilustración. Son numerosos los logos realizados, sus obras de cartelería y las publicaciones en las que ha colaborado, llegando a utilizarse sus obras en la decoración de fachadas (colegio El Rosario de Costa Rica) o para la elaboración de vidrieras (parroquia de Sto. Tomás, en República dominicana).

Su trayectoria artística experimenta un punto de inflexión cuando, por razones de su estudio, conoce al artista coreano Kim en Joong. Esta relación le abre al mundo de la abstracción que, a partir de ese momento, le mantiene fascinado por las grandes posibilidades que ofrece, tanto para el artista como para quien observa.

Desde entonces busca que sus cuadros sean como un "espejo" en el que puedan reconocerse el autor y el espectador en su verdad más íntima; así como el desarrollo de la potencialidad que tiene la pintura abstracta a nivel espiritual, social, pedagógico, terapéutico...

Al estar tan interesado por el encuentro y el diálogo, particularmente con otros artistas, aunque ha ofrecido algunas exposiciones individuales, disfruta especialmente participando en muestras colectivas, entre las que podemos destacar:

Vanguardias y Periferias, realizada en el centro "La Neomudejar" (Madrid, 2014); la exposición itinerante Silencios que en 2016 recorrió las ciudades de Zaragoza, Burgo de Osma (Soria), Palencia, Caleruega (Burgos), Segovia, Valladolid y Valencia; El racismo no pinta nada en Tanger y Tetuán (Marruecos, 2016); Auguri (Roma, 2016) o Caminando el color (Madrid, 2020).

Actualmente se encuentra inmerso en los preparativos de la exposición "My soul is thirsty" que se inaugurará el 1 de septiembre en Tallin (Estonia).