Eivar Moya /Colombia


Palabras del artista:

Para mí el verdadero motor de mi trabajo, es el SER HUMANO porque me permite, a través de la fuerza, el trazo y el gesto, representar un abanico inmenso de posibilidades, como lo es el erotismo, la calma, la violencia, el desentreno, el odio, y muchísimas cosas más, es como un gran actor, que puede representar todos los papeles que se dan en la vida por eso, el ser humano, es quien mueve mi obra todo cuanto pueda colocar alrededor es anecdótico, es solo algo que acompaña la continuidad del mismo ser, por eso doy gracias a Dios, por todo eso, además siempre recuerdo lo que dijo el poeta "somos seres humanos, peor cosa, no podemos ser".

E.M.



Presentación

La pintura es una estética de la ilusión, una verdad ilusoria, una imagen del tiempo detenida en la pupila incesante. Somos hijos de un laberinto de insondable belleza, viajamos en una metáfora infinita, más incluso que el judío errante, amparados por la belleza. Somos trazo, líneas, sombras, somos la luz que es a su vez un fantasma y un delirio, somos esa luz que se derrama sobre nuestra alma y que también es un abismo. Ahí anochece. Anochece también en los párpados de piedra, en los ojos de la ciudad. Y en un callejón sin salida Eivar Moya se aferra con colores bruñidos a la historia del arte. Su trazo avanza por el declive amonioso de un torso de mujer que aun espera ser tocada por la aurora, antes que amanezca ella anhela abrir sus párpados de tanto soñar con los colores.

En la pintura de Eivar Moya hay una sustancia parecida al sueño, como una especie de azogue, o llanto de metal, que recorre la memoria secreta de sus trabajos, como si una mano hechizada acabara de tocar para siempre la cóncava desnudez de Lilith, o de la blanza Zenócrate o de una Elena de albos brazos recien salida del poema homérico.

Jorge Luis Borges escribiría sobre Xul Solar: "Un hombre versado en todas las disciplinas, curioso sobre todos los arcanos, padre de escrituras, lenguajes, utopías, mitologías, huésped de infiernos y de cielos". Yo diría que Elviar Moya es un individuo calcado por la brisa del caribe, hijo de una luz pródiga, fabulador, vendedor de noches puerta a puerta, inventor de instantes que sufren la construcción de una piel, hechicero, cartógrafo de mares interiores, retratista de mujeres de muchos rostros.

Es un virtuoso del dibujo, cuyo trazo es abigarrado, como los de Luis Caballero. Su trazo magnetiza los cuerpos, los seda. Más allá de las figuras, lo que más impresiona son sus atmósferas, el diálogo de los cuerpos, el dinamismo de sus silencios manchando los umbrales, la soledad y el tiempo. Su pintura está hecha de tacto, de símbolos que materializan la conscupicencia, el sueño, los deseos, las carencias. Su mundo personal gira en torno a una casa donde vive la mirada, porque dentro de sus atmósferas se percibe el ojo del lienzo, la mirada oculta que corrije cada pormenor del cuadro y toda su maravillosa composición. Al final no faltaría ponerle una firma sino un verbo.

En algún lugar escribí alguna vez que los pinceles son escobas para barrer en otra dimesión. Y Eivar Moya barre en grandes alcobas donde el huesped principal es la luz, donde el tiempo no es el de los relojes sino el de las estaciones, con sus escarchas y sus cenizas, y también es el tiempo irrefutable del fuego, la llama capaz de crear en una pupila el gran incendio del mundo. Eivar Moya se sumerge en la otra dimensión, barre los sentidos con sus pinceles, los retazos de un pasado misterioso, y en un rincón agudo recoge todas las simetrías. Su pulso está enfebrecido, palpa en la sombra buscando una palabra que lo ayude a descifrar el sexo de los colores, deseo alucinante del lienzo y su blanca soledad infinita. Lentamente va descubriendo los objetos, la espátula, el dolor brioso del colotr amarillo, los aromas del óleo y la trementina confudiéndose con el olor de esa mujer que poco a poco en el lienzo se desnuda.

Con seductora imaginación, Eivar Moya viaja por sus telas como un peregrino en busca del paraíso perdido, reinventa la historia en cada uno de sus asombros, colma su sed de mirar, su vocación es un arrefutable voyerismo semántico. Son muchos los que lo han visto y se han pronunciado desde sus atalayas:

Carlos Orlando Pardo Viña, lo entrevé como un explorador de los estados de ánimo del cuerpo: " La figura humana crea en Eivar una fascinación que no logra arrancar de su alma. Su línea, ese vibrante trazo que parece dejar una estela de movimiento, se sigue manteniendo como testigo de su pasión inicial".

Joaquín Romero Díaz lo vislumbra como un extraordinario aprendiz de la gran escuela, el alumno que supera al maestro: "La tecnica y el academicismo son totalmente palpables en sus obras, que no recurren a facilismos ni a ismos de postvanguardia para disfrazar la incapacidad de dibujar y manejar con limpieza el pintor, como se hace evidente en la pintura de Eivar Moya, este artista colombiano joven pero avezado y talentoso pintor".

Álvaro Gómez Gómez se cuestiona ante tanta anatomía impresionante, como si el cuerpo escribiera lo que le dicta el alma: "¿Qué hay en la obra de Eivar Moya que asombra y seduce? De qué manera es que reconocemos en la desconstrución anatómica una inquietud anímica tan propia? Cuestiones como estas surgen al revisar las inquietudes figurativas de nuestro artista, que ha elegido el camino de la simplificación para expresar la sofisticación más elevada".

Fernando Guinard, maestro de la expresión erótica, reseña como un desenfadado mirón de las más irreverentes, y sensuales expresiones humanas: "Su línea es sinuosa y suelta, libre como la imaginación de los amantes. Su pintura es un viaje por la historia del arte y del hombre, es un ojo atento que transgrede la temática, agrega gestos, cuerpos entrelazados, extasis sexuales y mirones asesinos que observan a sus victimas con aire de suficiencia y cinismo".

Después de esta apreciación, vale la pena recordar la famosa frase de Edgar Degas: hay que hacer un cuadro como se comete un crimen.

En respuesta a todos los interrogantes de su siglo, Eivar Moya ha creado una figuración gramática, hecha de verbos corporales, de sílabas que respiran en los poros de aire, en las palabras que se quedaron grabadas en tantos que murieron sin alcanzar el beso.

El pintor, el iluminado, Eivar Moya desciende con todas sus barajas al lienzo virgen y lee el destino de los colores que serán la figura humana, el verbo ancestral con todas sus geometrías aladas, con los cinco sentidos de los astros recorriendo las atmósferas del deseo, su planetario egoismo. En ese preciso instante en que se han encendido todas las lámparas, en ese resquicio de tiempo sin metáfora, los colores sueñan que ya son colores, mientras sobre el mar, sobre el instinto de la sombra, sobre los cuerpos rendidos cae la nieve delicada.

Esta es una pintura hecha para socofar la memoria, para extender su lenguaje como se extiende una orilla, para incitar la búsquieda de nuevos sinonimos donde puedan encontrarse las almas, más allá de las manos y del lugar donde se confunden los sentidos. Es un poema corporal, desgarrado, donde la piel se divisa como un paisaje y sus increíbles latitudes, estamos ante un desbocado sueño del tacto.

Gira el cielo de la Iliada, iluminando los bordes del lienzo.

Fernando Denis 



Eivar Moya

Nació en Valledupar, Cesar, Colombia, en 1970. Desde 1987 hasta 1991 asistió al Maestro en Artes plasticas, la Escuela de Bellas Artes, y la Universidad del Atlántico en Barranquilla.

En la actualidad se encuentra radicado en Bogota Colombia.

Posee una técnica que recuerda a los Maestros del Renacimiento, sus obras son poderosas y dinámicas interpretaciones de la forma humana. Su habilidad de dibujo innata, que se perfeccionó en la escuela de arte, dio lugar a una comprensión y expresión de la anatomía humana que rara vez se encuentra hoy en día. Su línea es vibrante, su pintura es apasionada. Esta combinación resulta en imágenes que muestran una comprensión explícita de la anatomía humana y un "respeto por el arte que ha sido su compañía desde sus años escolares". Sus temas varían desde estudios "sencillos" de la forma humana hasta emocionantes temas místicos o figuras yuxtapuestas con obras maestras clásicas.

El maestro Moya ha figurado en varios libros de arte de reconocidos críticos como: Los 15 Figurativos de Colombia (Eduardo Bastidas); El Espíritu Erótico (Fernando Guinard); Homenaje a Enrique Grau (José Cirilo); Revista de Pintores Colombianos ARS (Joaquín Romero) y muchas más publicaciones que se han cautivado con sus torsos y ángeles cargados de melancolía.

Este talentoso artista ha expuesto en muchas galerías de América Latina y Estados Unidos. Ha participado varias veces en el Art Miami, Escocia Fine Art, Museo de Arte de Bucaramanga, Bohemia Galería de Arte (Barranquilla), Euro Bank Coral Gables (Miami), LGM Arte Internacional (Bogotá D.C.), Luxemburgo Galería Art fair, Museo del Tolima (México) y sus obras forman parte de colecciones privadas en Londres, New York, Madrid, París y Roma.