Carlos Contreras de Oteyza /México


El Circo de Bibis 

Como todos los circos, el Circo de Bibis camina los caminos. Va de un lado para otro, siempre. De aquí para allá, igual que un ropavejero, que un merenguero, que un vendedor ambulante. Es un circo ambulante como todos los circos, el Circo de Bibis. Ya se detiene allá, a la orilla de un camino, o aquí cerquita, en el baldío de enfrente, o más allá, ¿lo viste? , junto a aquel basurero. De la colonia Sifón a la Nezahualcóyotl, a la del Moral, o donde sea o pueda quedarse de pronto, un par de tardes, tal vez una semana, quince días, lo que soporte un público de barrio: proletarios, paracaidistas, marginados, pobres. Para los pobres extiende el Circo de Bibis la maravilla de sus enlonados. Abre la carpa como un abanico de sorpresas, la tiende al cielo, la restira, la despliega, la vuelve casa remendada, inmensa pista para el espectáculo. Y empieza el espectáculo que es repertorio de suerte y acrobacias y risas de payasos y todo lo que es un circo: sueños. Pero sueños de pobre, la verdad, arrancados a la raíz de las carencias que son todas, y sin embargo sueños. Porque el Circo de Bibis no es el gran circo ruso ni el Ringling Brothers, ni siquiera el Atayde. Es mucho menos que ellos, es un pedazo apenas de la ilusión, las sobras de un banquete, el inaudito esfuerzo de una familia que a toda costa vive de lo que es juego y arte, ensoñación, audacia y genio.

Es poco al fin de cuentas lo que se puede decir con palabras de este Circo de Bibis, proletario y genuino, marginal y pequeño. Además no hace falta. Durante meses y meses la cámara de Carlos Contreras lo ha seguido y perseguido por donde va. Se ha vuelto parte de la trouppe, el testigo implacable de su miseria que es a un tiempo la clave de su grandeza. Contreras ha vivido en el Circo, con el Circo y para el Circo y ahora nos entrega en imágenes su feliz descubrimiento. No sólo el espectáculo en la pista: los payasos bajo el cielo de una lona agujerada ( planetario casual alucinante ), el tragafuegos igual al del crucero del tránsito feroz, las beldades en el aire, la cuerda floja como involuntaria metáfora de la lucha por la vida, los perros callejeros amaestrados, la cabra que es la fiera que no existe, el acróbata, el público escasísimo. Además del espectáculo de los números circenses, de la vida en la pista, Carlos Contreras y su cámara nos muestran, nos ofrecen, dentro y fuera del Circo, en bastidores, el drama verdadero de un hombre y una tribu: una familia, un grupo, una Empresa que a duras penas vive, sobrevive.

Genial artista de la cámara, genial de veras, Carlos Contreras ha logrado reunir un testimonio, parcelado en imágenes, que rebasa por mucho la temática circense para convertirse en estudio antropológico, un ejemplo feroz y emocionado de una sociedad que sufre a contrapelo. Su colección de fotos es un tajo transversal en la pobreza, no para hacer saltar la pus; más bien para que aflore la ternura. De una imagen a otra y a otra y a otra uno va descubriendo el verdadero Circo que es la vida cuando la vida se vive desde el Circo. No se refleja por ninguna parte al artista exquisito, al aséptico esteta que se recrea en la forma por la forma. Tampoco se observa a un frío disparador de cámaras. En Contreras hay siempre, en cada foto, un afán por descubrir temblores, a veces pequeñísimos , de lo que hay de ternura en la verdad, por duro que ésta sea. Lo mismo son los gestos, que las cosas, los objetos. El acomodo de la cámara - dirían mejor los técnicos: el encuadre -, no parece casual, parece el resultado de un atisbo de horas, de semanas, de meses, de quien ha estado ahí, compartiendo aventuras y aguardando el momento para decir: ahora. Funciona entonces el ahora como un conjunto mágico que ordena el mundo ante la lente al antojo feliz de su maestro. Parece que es así, cosa de magia. Y es magia al fin de cuentas porque la magia de un artista fotógrafo consiste en esperar y ver, ver y esperar hasta el momento en que se sabe o lo que se intuye lo que habrá de quedar grabado en la imagen eterna de una visión presente.

Vemos al Circo. Estamos en el Circo. En el Circo de Bibis.

Se nos oprime el corazón, nos escurre una lágrima en la risa. Nos alegra y nos duele el espectáculo que es diversión y drama, aplauso y comprensión, una llamada más a la conciencia.

Vicente Leñero

México D.F. 1982.


El Circo de Bibis 


Carlos Antonio Contreras de Oteyza