Camilo Almaráz / Guatemala


MANIFIESTO ANTE UNA EXHIBICIÓN

El carbono (del latín carbo, carbón) es un elemento químico con símbolo C, numero atómico 6 y masa atómica 12,01.

Es uno de los pocos elementos conocidos desde la antigüedad y es el pilar básico de la química orgánica. Está presente en la tierra siendo el 15.o elemento más abundante en la corteza terrestre y el cuarto elemento mas abundante en el universo en masa después del hidrogeno, el helio y el oxígeno.

Es un componente común de toda la vida conocida y el segundo elemento más abundante en el cuerpo humano.

La siguiente muestra es una suerte de metáfora que trata resaltar la importancia del carbono en la historia y la vida del ser humano, siendo este un elemento pilar en el descubrimiento de la huella y el comportamiento del hombre desde la antigüedad hasta nuestros tiempos, así también de todo ser biológico sobre la tierra.

Hablar del carbono es generar un registro constante sobre la historia humana ,su origen, su evolución, su entorno natural, cultural, social y político

Camilo Almaráz



Sobre la obra de Camilo Almaráz

Siempre que aprecio la obra de Camilo Almaráz me gusta pensar en el futuro ¿Cómo percibirán su legado dentro de un siglo? Consolidarse, destacar y tener éxito como artista, en un lapso tan particular como el presente, navegando contra la marea de las modas, denota el brío con el que ha enfrentado su compromiso con el hecho visual.

Su labor, generosa en muchos sentidos, circula y, de a poco, va entrando a pinacotecas a las que suma sustancia con su presencia. Y es su obra, la que le sobreviva en el tiempo, la que le honrará como uno de los artistas destacables de principios de siglo XXI.

En él me atrae la maestría con la que maneja el grafito. Su dibujo es limpio y se manifiesta con magistral certeza sobre el soporte. Si bien no llega a ser expresionista, sí posee un sentimiento gestual que se percibe como una extensión de sus propias pasiones.

Hay sagacidad e intuición genuina en el trazo. Misma con la que propone una composición bien resuelta en cada una de las obras. Es, con esta herramienta, que ha conseguido sintetizar formas a expresiones más depuradas cuya esencia redunda en misteriosos retratos y formas. Respecto a lo pictórico, mancha bien. Sabe diluir sus pigmentos creando paletas que degrada con sapiencia y hasta, si es permitido decirlo, virtuosismo. Sus aguadas son atractivas en las sutilezas del traslape de tonos y el modo como se funden sobre el níveo papel. Monocromático, casi, juega con matices que rebosan, tonalmente, diferenciándose entre sí con riqueza contenida. Juegos de luz y sombra que dan volumen a su expresión y que lo consolidan como artista visual.

En la obra de Camilo, menos, es más. De este este modo, restando lo que sobra, va acumulando valores propios de su estilo. Cada trabajo que le conozco está revestido con el misterio de la belleza. De allí que siempre nuestra vista se pierda embelesada en las formas, cuyas improntas, estimulan nuestros recuerdos.

Y regreso a mi idea inicial ¿Qué pasará cuando pase el tiempo y el concepto, y la insustancial verborrea curatorial que reviste a otras expresiones visuales, de sustancia efímera, se pierda de vista? Pues la respuesta que me viene a la cabeza es que quedará la obra de Camilo Almaraz (junto a la de otros pocos nombres que, como él, se ocupan de los valores formales) por esencial.

Guillermo Monsanto

Guatemala, enero de 2020.